Un infarto no siempre llega con dolor intenso y repentino. En la vida real, los signos pueden ser sutiles, ambiguos o fáciles de confundir con otras condiciones. Y esa es exactamente la razón por la que tantas personas llegan tarde al hospital: no reconocieron las señales cuando todavía había tiempo para actuar.
¿Qué es un infarto?
Un infarto agudo de miocardio ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del músculo cardíaco. Esta interrupción, generalmente causada por un coágulo que se forma sobre una placa de grasa en las arterias coronarias, provoca la muerte del tejido si no se restaura el flujo en un período crítico.
El tiempo es el factor más determinante. Según la American Heart Association, el daño al músculo cardíaco comienza a ser significativo dentro de los primeros 30 minutos de interrumpido el flujo. Después de 3 horas, la mayor parte del tejido afectado ya no es recuperable. Y después de 12 horas, los beneficios de restaurar el flujo son marginales.
En México, las enfermedades isquémicas del corazón son la segunda causa de muerte general, según datos del INEGI. La mayoría de esos eventos ocurren fuera del hospital, lo que significa que quien presencia los primeros síntomas puede ser un familiar, un compañero de trabajo o un desconocido. Reconocer los signos de alarma no es solo conocimiento: es una herramienta de supervivencia.
Los signos clásicos
La mayoría de los materiales educativos resumen los signos de infarto en cinco síntomas principales. Los presentamos así porque son los más consistentes en la población general:
- Dolor o presión en el pecho: es el síntoma más frecuente. Se describe como una sensación de peso, apachurramiento o presión en el centro del pecho que dura más de unos minutos o desaparece y vuelve. No es un dolor agudo ni punzante; suele ser sordo y sostenido.
- Dolor que se extiende a otras partes del cuerpo: el dolor o la molestia pueden irradiarse hacia el brazo izquierdo (el más característico), pero también hacia el derecho, la mandíbula, el cuello, la espalda o la zona del estómago.
- Sudoración fría inexplicable: sudar profusamente sin haber hecho esfuerzo físico, especialmente cuando va acompañada de otros síntomas, es una señal de alerta importante.
- Dificultad para respirar: sensación de falta de aire, ahogo o incapacidad para tomar aire profundo. Puede ocurrir antes o junto con el dolor torácico.
- Náuseas y mareo: especialmente en mujeres y personas mayores, las náuseas, los mareos o la sensación de desvanecimiento pueden ser la presentación principal de un infarto, incluso sin dolor torácico intenso.
Lo que mucha gente no sabe: la presentación atípica
Si los signos de alarma siempre fueran tan claros como los describe la lista anterior, la mortalidad por infarto sería mucho menor. El problema es que hasta un tercio de los infartos se presentan con síntomas atípicos o incluso silentes — es decir, sin dolor torácico.
Las presentaciones atípicas son más frecuentes en ciertos grupos:
- Mujeres: tienden a experimentar con mayor frecuencia náuseas, vómitos, dolor en la mandíbula o en la espalda, y fatiga inusual como síntomas principales. Muchas describen una sensación de "indigestión" o "cansancio extremo" en lugar de dolor en el pecho.
- Personas con diabetes: la neuropatía diabética puede dullir la percepción del dolor, lo que significa que una persona con diabetes puede tener un infarto con síntomas mínimos o ninguno. La única señal puede ser una debilidad repentina o dificultad para respirar.
- Adultos mayores: en personas de más de 75 años, el síncope (pérdida temporal de conciencia), la confusión o el cambio súbito de estado mental pueden ser las manifestaciones dominantes.
- Pacientes jóvenes: en menores de 40 años, el infarto puede presentarse con dolor abdominal superior, ansiedad intensa o palpitaciones que se confunden fácilmente con un ataque de pánico.
Infarto vs. ataque de pánico: cómo diferenciarlos
Esta es una de las confusiones más comunes y más peligrosas. Los síntomas de un ataque de pánico — palpitaciones, sudoración, sensación de muerte inminente, dificultad para respirar — pueden mimetizar un infarto. La diferencia está en los detalles:
- El dolor torácico del infarto típicamente es central o subesternal, con sensación de presión o aplastamiento. El dolor del ataque de pánico suele ser más superficial, punzante o descrito como "alfileres".
- El infarto generalmente produce síntomas progresivos que empeoran en minutos. El ataque de pánico suele alcanzar su máxima intensidad en los primeros minutos y luego tiende a disminuir.
- La irradiación del dolor hacia el brazo, la mandíbula o la espalda es característica del infarto y muy rara en el ataque de pánico.
- Los factores de riesgo cardiovascular (hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad, historia familiar) aumentan la probabilidad de que los síntomas sean de origen cardíaco.
Cuando hay duda, lo responsable es siempre asumir que es un infarto y llamar a los servicios de emergencia. El costo de una falsa alarma es mínimo comparado con el costo de ignorar un evento cardíaco real.
¿Qué hacer si tú o alguien cerca presenta estos signos?
La respuesta tiene una prioridad clara y secuencial:
- Llama inmediatamente a los servicios de emergencia. En México, el número es el 911. No esperes a que los síntomas "se pasen". Si la persona ya tiene historial de enfermedad cardíaca y tiene prescrita nitroglicerina, puede tomarla según las indicaciones de su médico mientras llega la ayuda.
- No conduzcas al hospital por tu cuenta. Si la condición empeora durante el camino, nadie podrá ayudarte. Espera la ambulancia, donde ya se puede iniciar el monitoreo y la terapia mientras se transporta al paciente.
- Si la persona deja de respirar o no responde, inicia RCP. Si no sabes RCP de alta calidad, los servicios de emergencia pueden guiarte telefónicamente mientras llegan. Pero si ya tienes esa formación, cada segundo cuenta.
- No des aspirina ni otros medicamentos por tu cuenta si no estás seguro de que la persona no tiene contraindicaciones (como alergias o problemas de coagulación).
Los factores de riesgo que deberías conocer
Además de reconocer los signos, conocer los factores de riesgo permite identificar cuándo una persona tiene más probabilidad de estar experimentando un infarto. Los factores de riesgo se dividen en dos categorías:
No modificables:
- Edad (hombres mayores de 45 años, mujeres mayores de 55)
- Historia familiar de enfermedad cardíaca prematura
- Sexo masculino (aunque las mujeres tienen mayor mortalidad cuando sufren un infarto)
Modificables:
- Hipertensión arterial
- Colesterol elevado
- Tabaquismo
- Diabetes
- Obesidad y sedentarismo
- Estrés crónico
- Consumo excesivo de alcohol
La presencia de múltiples factores de riesgo multiplica el peligro de forma exponencial, no aditiva. Una persona con hipertensión, diabetes y tabaquismo tiene un riesgo mucho mayor que la simple suma de los tres factores por separado.
En resumen:
- El dolor torácico central con presión o aplastamiento es el signo más frecuente, pero no es el único ni siempre está presente.
- Las mujeres, diabéticos y adultos mayores pueden presentar síntomas atípicos o silentes.
- Ante la duda, siempre es mejor errar del lado de la precaución: llama al 911.
- Si la persona deja de respirar, el RCP de alta calidad puede doblar las probabilidades de supervivencia mientras llega la ayuda.
- Los factores de riesgo modificables (hipertensión, tabaquismo, diabetes, obesidad) son los que puedes empezar a atender hoy mismo.
Aprende a reaccionar antes de que sea tarde
Reconocer los signos de alarma es solo la primera mitad de la ecuación. La otra mitad es saber qué hacer en esos minutos críticos entre el inicio de los síntomas y la llegada de la atención médica especializada. Cada minuto de RCP de alta calidad ganado aumenta las probabilidades de supervivencia. Cada llamada al 911 hecha a tiempo puede significar la diferencia entre daño cardíaco recuperable y daño permanente.
En Asesores en Emergencias ofrecemos cursos de formación en Soporte Básico de Vida y RCP que incluyen reconocimiento de signos de alarma, práctica con simuladores y protocolos de actuación ante emergencias cardíacas. No se trata de volverte médico: se trata de que sepas qué hacer cuando alguien cerca de ti lo necesita.